Quilmes, 10 de octubre de
2014
Querido
Miguel:
Estoy hecha un desastre y quisiera que me escuches durante un rato, por
eso te escribo. Pensarás que soy una caradura, que sólo me acuerdo de vos
cuando hay problemas, pero ¿qué hago? ¿me la aguanto yo sola...? Me siento mal,
no sé qué me pasa. Vos sabés que no siempre me he gustado a mí misma; que soy
bajita, que no me gustan mis piernas... y ahora el acné que me ha declarado la
guerra. Los amigos me dicen que soy tonta, que tengo un pelo y unos ojos muy
bonitos... pero yo me veo horrible. Pero me veo hecha un desastre, no sólo
físicamente, sino en todo. Los estudios, mal. Estoy desaprobando casi todas las
materias aunque me estoy matando, y veo que gente como Érica, que joroba todo
el día, después aprueba como si nada. A los exámenes voy derrotada, convencida
de que saldré mal. ¡Uf!
Y se junta todo, Miguel; con las amigas, también mal; estoy incómoda,
como si tuviera la impresión de que estorbo. El colmo ha sido lo de Juanjo:
llevábamos tres meses saliendo, y ahora cortamos y me siento muy mal porque la
culpa fue mía. He llevado la situación a la ruptura porque, en el fondo tenía
pánico, no me veía capacitada para hacerlo feliz, sabiendo además lo que Juanjo
vale...
Mal, Miguel, estoy mal. Lo único que quiero es encerrarme en casa y no
pisar la calle. El otro día vino Susana; hablamos de lo de Juanjo. Ella estaba
animada. Colabora como voluntaria en un comedor comunitario. Me sugirió que yo
también lo haga, pero ¿puedo yo ayudar a alguien? Decime, Miguel, ¿qué me pasa?
¿De verdad soy tan desastre? ¿Puedo yo ser útil a los demás?
Un beso, Lucía
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